Por: Marciano Sánchez Bayle

Fuente original: nuevatribuna.es

12/12/2023

El ataque del gobierno israelí de Netanyahu a la población civil indefensa de Gaza supera todos los horrores imaginables. Más de 16.000 asesinados, la mayoría de ellos población civil y más del 50% niños, algunos de pocos meses, a los que hay que sumar los cerca de dos centenares asesinados en Cisjordania, sin justificación alguna, como pudo comprobarse con el vídeo del asesinato de dos menores palestinos abandonados por el ejército israelí que les denegó cualquier tipo de asistencia, y que, una vez más, no ha abierto ninguna investigación sobre los hechos, ni sancionado y/o investigado a los asesinos. Todas las imágenes son impactantes y solo producen horror en cualquier persona “de bien”, excepto, claro está, a aquellos que, en un ejercicio de despreciable hipocresía, declarándose cristianos y defensores de los valores humanitarios, apoyan de manera indiscriminada a los autores del mayor crimen humanitario de este siglo.

La actitud del gobierno de Israel no se limita al asesinato sistemático de civiles sino que, también, alcanza a actuaciones muy bien identificadas con crímenes de lesa humanidad, como el sometimiento a 2,5 millones de personas a desplazamientos obligatorios, destrucción indiscriminadas de viviendas, cortes de suministro de luz, agua y alimentos, lo que provoca hambre, y condiciones antihigiénicas que, como ya han señalado la ONU y la OMS, propiciarán, de manera inevitable, la aparición y propagación de epidemias incontrolables.

Mención especial merece el continuo ataque a instalaciones sanitarias. Según la Organización Mundial de la Salud, el 5 de diciembre se habían producido 212 ataques a instalaciones sanitarias, incluyendo 56 centros sanitarios (24 de ellas hospitales), el asesinato de 565 trabajadores de la salud y 732 más con graves heridas infringidas, por supuesto además del absoluto desabastecimiento de medicamentos y otros recursos sanitarios. No cabe duda que dentro de la estrategia israelí de destrucción de Gaza entra también la eliminación de cualquier recurso sanitario que permita, no ya una vida decente, sino pura y simplemente la supervivencia.

Es obvio que el recurso a la historia del Holocausto judío en Europa no puede ser una justificación, cuando se utilizan los mismos medios y la misma lógica que, por ejemplo, los nazis usaron contra el gueto de Varsovia, y que, siguiendo los mismos criterios que se usaron en los procesos de Nuremberg o en el de Eichman, la totalidad del gobierno de Israel y los responsables de sus fuerzas armadas deberían de responder en un proceso internacional sobre crímenes de lesa humanidad.

Por otro lado, como ya se ha señalado, es muy probable que a medio plazo estas matanzas tengan el efecto contraproducente de convencer a la población palestina que solo les queda el recurso a las acciones armadas, y que, ya que van a morir asesinados, de todos modos, mejor hacerlo matando, de nuevo conviene recordar el levantamiento del gueto de Varsovia. No sería extraño que el efecto a medio plazo de estas atrocidades sea precisamente un reforzamiento de Hamas.

No podemos ni debemos mirar para otro lado, porque como ya sucedió en los inicios de las persecuciones de judíos por las hordas nazis, si lo hacemos estamos abriendo paso a una intensificación y generalización de estos horrores por unos asesinos que se creen cada vez más impunes y con derecho a imponer, parafraseando a Unamuno, la razón de la fuerza cuando carecen de la fuerza de la razón.

Desde este rincón de la Unión Europea podemos y debemos hacer algunas cosas para no ser cómplices de la matanza: la primera, por supuesto, es hacer oír nuestra voz y nuestro rechazo, exigiendo un alto el fuego y la llegada de suministros para el mantenimiento de la vida y la salud de la población de Gaza, como ya han hecho más de 1200 profesionales sanitarios españoles, el Secretario General de la ONU, el propio gobierno de España, y un largo etcétera de países y de organizaciones de todo el mundo.

La matanza de los inocentes continúa en Gaza, intentemos pararla antes del 28 de diciembre, día que se recuerda la matanza de los Santos Inocentes recogida en los Evangelios

Ahora bien, no parece que, como sucedió con Hitler o con Herodes, Netanyahu esté dispuesto a hacer caso de las buenas razones, por lo que es necesario pasar a los hechos. El primero y más urgente es dejar de vender armas a los asesinos (por parte de EEUU, la UE y España como país autónomo e independiente); el segundo poner en marcha un boicot a las empresas y productos israelíes lo que puede hacerse de manera individual pero sobre todo debe de implementarse por los países que no quieren colaborar con la matanza, empezando por España, y por supuesto propiciar la medida en la UE; el tercero es el inmediato reconocimiento del Estado palestino, de nuevo por España sin más dilaciones, y propiciarlo en la UE (si varios países de la misma ya lo han hecho será más fácil una actitud conjunta, que en todo caso resulta complicada por lo que se conoce); cuarto, promover el encausamiento de los miembros del gobierno de Israel, responsables del ejército israelí y de Hamas, y asesinos identificados israelíes y de Hamas por crímenes de lesa humanidad; y, por fin, la solicitud a la ONU de la puesta en marcha de una fuerza de interposición internacional que garantice el fin de la agresión y la vida y la salud de los gazatíes.

La matanza de los inocentes continúa en Gaza, intentemos pararla antes del 28 de diciembre, día que se recuerda la matanza de los Santos Inocentes recogida en los Evangelios, para que ese día no se quede en una conmemoración vacía de contenido. Podemos parar la masacre si hacemos para salvar a Gaza solo la décima parte de los esfuerzos realizados a favor de Ucrania. No podemos mirar para otro lado, si dejamos que se sacrifiquen los niños de hoy estamos destruyendo el futuro de la Humanidad.